Oh, oh, oh, oh, oh

Publicado en música con etiquetas , , el 8,Feb,08 por Carolina Castro Zamorano

Hubo una época en que las machas costaban $1. Yo lo recuerdo muy bien.
En pleno centro de Quintero los hombrecitos sacadores profesionales de machas sostenían con toda su fuerza unos enormes sacos llenos pero llenos de machas grandes y frescas.
Lo recuerdo porque mi padre compraba $100 de machas. O sea, compraba 100 machas. Y los 5 comíamos felices ese maravilloso producto que regalaba el mar tan generosamente. En esa época que todo era generoso: el sol, el mar, los bosques.
Quintero era verano. O por lo menos eso simbolizaba. Si cierro los ojos puedo ver y sentir el olor de la casa triángulo a la que íbamos a veranear. La madera era oscura, los muebles austeros, la cocina pequeña, las ventanas mezquinas. Pero las hortensias. ¡Oh Esas hortensias contenían toda la grandeza que a las cosas materiales les faltaba. Eran unas hortensias azules, enormes, robustas, casi de mi porte.
Todo eso y más era el verano del 83.
Un atardecer visto desde la ventana más alta de la casa triángulo. Los niños más grandes jugaban y quizás yo estaba abrazada a mi madre mirando ese cielo que era muchísimo más grande que el de ahora. Y de las ventanas de la casa triángulo salían los sonidos de los pitos de tetera y una tele mal sintonizada y unos italianos que cantaban algo así como un himno veraniego, una canción que cada vez que la escucho me siento en el verano del 83, con mi salida de baño blanca y mis trenzas largas. Es Righeira, un duo italiano fundado en 1981 por Stefano Rota y Stefano Righi que se hicieron famosos con la ultra conocida “ Vamos a la playa”.
Tan simple pero tan veraniega.
Es como si prendiera la radio y volviera a ese balneario de machas baratas y hortensias gigantes.
Con la simpleza de esa canción cualquier cosa simboliza paz y despreocupación. Y cuando la escucho ahora siento eso mismo. Una especie de consuelo por tener que pasar el verano en una oficina. Pero quizás si no tuviera este verano, esa simple y mediocre canción no significaría lo que es para mi: los veranos más entretenidos de todo lo que llevo de viva.
Una canción simple no siempre es una canción mala. Al contrario, es una canción y punto, con toda la grandeza que eso conlleva. Una melodía que si no estuviera ahí no me haría recordar el verano del 83 como lo recuerdo ahora.
Una canción que más allá de su calidad refleja, un poco, como era el mundo antes. Sencillo, en paz y con veranos donde la abundancia no sólo estaba en las machas sino que en todo cuanto me rodeaba.

Un arcoiris, las zapatillas

Publicado en música con etiquetas , , el 8,Feb,08 por Carolina Castro Zamorano

Una canción nace muchas veces. Pero sobre todo 2: cuando se compone y cuando se la escucha. Digo, yo escuché por primera vez She’s like a rainbow de los Rolling Stones en el 2005 y, a pesar de que la canción es de 1967, para mi significa 2005 y ES 2005.
Eso de que la música es atemporal es muy cierto.
Y que te salva la vida, también.
Pasa que cuando estoy triste sólo me agarro de canciones que potencian mi estado de nostalgia y hacen que cualquier paseo en micro simbolice mi vida sin sentido y la desgarradora oscuridad de mi alma. Y, claro, cuando la dicha me embarga sólo necesito de música bailable y que cuente la historia de alguien un poco menos feliz que yo.
Y es que lo más inexplicable de los estados de ánimos es que llaman a las canciones sin que una quiera.
Y sin que yo quisiera, después de un katrina personal, alumbró mi vida esa canción y su piano y los tralalá tralalá del coro y el amor y el sol (justo justo era septiembre).
Todo junto, todo dispuesto de tal manera que no podía negarme a la felicidad musicalizada por lo más jipi que los Rolling pueden tener.
Mi espíritu se materializó en los sonidos dichosos de la historia de esta mujer con vestido azul y que transforma todo en colores.
Y de repente, era yo misma transformada, en plena primavera, en una chica feliz mirando el cielo acostada en el pasto del San Cristóbal, caminando con zapatillas con corazones por Valparaíso de la mano de la canción y del amor.
Las canciones como remedios del alma, como gritos de lucha.
En septiembre del 2005 yo estaba preparando un largo viaje que me llevaría muy lejos no sólo de Chile sino que de las personas queridas, los pasteles de choclo y el amor recién conocido. Trágico, si se le mira desde cierto punto de vista.
Pero esta canción, que una noche escuché por primera vez bailando con los ojos cerrados en el clan, fue algo así como un himno, como sangre nueva y tibia que bombeaba el corazón fuerte y claro.
Una canción puede salvar una vida, como una vida puede ser hecha canción.
Siempre lo digo y lo repito: la música es la materialización de los grandes misterios de los seres humanos por eso amamos la música y la necesitamos como quién necesita de un buen plato de comida cuando tiene frío.
Y She’s like a rainbow fue el mejor bocado, la más dulce de las frutas, el mejor sonido, el más liberador nuevo amor, el mejor septiembre que he vivido en mucho tiempo. Y ahora yo misma vivo mi propia canción.

Love es amor pero también no

Publicado en música con etiquetas , , el 8,Feb,08 por Carolina Castro Zamorano

Me gustaba tanto.
Era tan guapo. Y yo chica. Tan tierna. Tan linda.
Nada que ver con su polola ruda y fumadora. Ni una pizca de parecida a ella, que usaba el jumper corto y se pintaba las pestañas.
¿Qué me quedaba? Conversaciones dulzonas, una bebida en la esquina del colegio y soñar con él en mi pieza, con la luz apagada y escuchando una de las canciones que más me han parado los pelos en mi vida. Y que por cierto lo sigue haciendo.
Aunque parezca increíble es Martika (la misma locateli que cantaba “I feel the earth move under my feet”) la que me sacaba suspiros y lágrimas con “Love thy wil be done”, una interpretación magistral de una canción que es de amor, pero algo así como de amor universal. Pero es de esas canciones que están tan bien compuestas, musicalizadas e interpretadas que no es necesario saber inglés para sentirla y hacerla propia.
En aquellos años, por ahí por 1991, mi inglés no era perfecto pero el tiempo libre para sintonizar la radio era mucho lo que me permitió apropiarme de esta canción y grabarla en un caset escuchándola hasta que me quedaba dormida en la penumbra de mi amor infantil.
Claramente, esta canción es de aquellas que traspasan la frontera del lenguaje y que instalan su significado en otras cosas como en la voz, el silencio entre las palabras, un piano desgarrador o simplemente lo que creemos que dice y que, siempre siempre, tiene estrecha relación con la historia que estamos viviendo.
Son algo así como canciones sin lengua o canciones magistralmente unidas a la música, a su lenguaje puro y que traspasa cualquier frontera.
Porque después de que esa canción me acompañó en mi sufrimiento preadolescente, supe que no sólo no se trataba de amor entre personas, sino que apelaba a algo mucho más místico. Además de estar compuesta por Prince, algo así como el rey del pop lentejueril.
Prince, nunca lo olvidaréporque no sólo es el creador de “Love thy will be done” sino que es un maestro en composiciones desgarradoras. No deja de ser importante que también haya escrito Nothing compares U2.
Dos canciones cantadas por dos mujeres y que, más allá de lo que verdaderamente signifiquen, se quedan prendidas en la memoria por lo que simbolizaron: la parte más dulce del amor, la que sin besos ni promesas, infla el corazón y lo hace vivir.

¿Qué te hicieron, Rocío?

Publicado en música con etiquetas , , el 5,Feb,08 por Carolina Castro Zamorano

Hace dos semanas estábamos con las chiquillas en un asado en casa de Chivi. Sólo nenas, era la consigna. Cosa que es de lo más agradable hacer de vez en cuando. Demás está decir que las ensaladas eran del más alto nivel y que el fuego fue realizado de manera perfecta sin necesidad de botellas ni secadores de pelo.
Como todo asado de nenas que se precie de tal la música fue algo muy importante. Elena se encargó de llevar un cd que la secretaria de su pega le grabó. Este cd es sólo de mujeres. Y dentro de las artistas que lloran y ríen al compás melódico de las baladas románticas estaba Rocío Jurado interpretando una de las canciones más emblemáticas, a mi parecer, del espíritu femenino: “Ese hombre”
Cada vez que la escucho me pregunto ¿Qué te hicieron Rocío? Porque definitivamente ese hombre del que habla en la canción es un pelmazo que, al parecer, no sólo la hizo sufrir sino que la enamoró salvajemente para, luego, trapear el piso con sus sentimientos.
Ahí es cuando Rocío Jurado cierra los ojos y con su voz profunda lo presenta como “ un gran necio, un estúpido engreído egoísta y caprichoso, un payaso vanidoso inconsciente y presumido, falso enano rencoroso que no tiene corazón”.
Basta escuchar esa parte del estribillo para sentir y tener la certeza de que a Rocío Jurado, no a un personaje de ficción, sino que a ella, este enano sin corazón la manipuló y la hizo llorar largas noches. Esa es la cosa con las canciones, imposible es separar a la intérprete de la canción y al que escucha de la historia de la intérprete y finalmente la intérprete y la canción se meten en la vida de una para hacernos sentir que no estamos solas y que los enanos rencorosos le pueden tocar a cualquiera.
Con está canción Rocío Jurado hace participar a todas las mujeres que hemos tenido en nuestras vidas a algún payaso vanidoso. Es inevitable la identificación y esa canción es una de las banderas con que muchas mujeres marcan su terreno en las lides amorosas y dejan claro que los hombres, no todos, son unas porquerías que caminan impunemente por la calle.
Y pasa que hay cierto tipo de canciones que son extremadamente femeninas y que sólo pueden ser adueñadas por mujeres. Es el sentimiento femenino por excelencia y la identificación universal a través de una letra tan simple pero cargada de ese sentimiento tan atrozmente vivo como es el despecho.
Rocío canta desde el despecho pero con la conciencia de saber perfectamente quién es “ese hombre” que está a su lado y más allá de que sea una estupidez quedarse con alguien así, Rocío demuestra que el amor es un asunto complejo, enredado, sufrido y apasionado. Una mujer que sigue al lado de un enano rencoroso puede parecer muy estúpida pero simboliza la parte más salvaje del amor: la pasión.
Esa noche, en ese asado, coreábamos a Rocío Jurado con los ojos cerrados y las copas levantadas, sintiendo, cada una en nuestros corazones la posibilidad real, cierta y maravillosa de poder decidir eliminar de nuestras vidas a los enanos rencorosos. Y cada vez que el coro aparecía nos matábamos de la risa porque si alguien dibujara al hombre que describe sería algo parecido a Ronald Mac Donald pero con el carácter de Freddy Krueguer. Y nosotros mejor nos tomábamos el vino con frutilla porque no estamos para andar pasando sustos con enanos, payasos, egoístas y, más encima, presumidos.